Entre sabanas delicadas amarillas
de un tenue casi dorado te encontré,
te tomé de la cintura y te acerqué a mi cuerpo,
te besé, lamí tu cuello y sollocé en tu oido.
Una mano agena me obligo a tomar uno de tus redondos y pequeños pechos
fué la moral...
Una doble moral que me obligaba a hacer algo que no sufría...
Te toqué y amé como cualquier otro amante
me ubiqué, estaba en un luegar dpnde no quería estar
de nueva cuenta la mano tomaba la mia para tocar tu intimidad...
Desperté y ahora reconozco...
no fue un buen sueño,
sólo cumplía los deseos de mis padres... y mi familia...
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